El prejuicio surge de la falsa creencia de que un ser es superior a otro debido a una o varias diferencias entre ellos. Puede tratarse del color de piel (racismo), el sexo (sexismo), la orientación sexual (homofobia) u otras características personales que han sido politizadas, usadas como arma y tergiversadas para justificar la negación de derechos a otros. El especismo, entonces, es la creencia de que también existe una jerarquía de valor entre las especies y que una—la nuestra—se encuentra en la cúspide y es superior a todas las demás. Esta visión ha servido para legitimar la negación de derechos a los seres no humanos.
¿Nuestras diferencias indican superioridad?
La mayoría de nosotras respondería sin dudar que el color de piel, el país de nacimiento, la religión, la orientación sexual o la capacidad física de una persona no determinan su valor ni su derecho a tener plenos derechos humanos. Sin embargo, esta perspectiva no siempre fue la norma. Hasta hace relativamente poco, era una opinión minoritaria. En 1832, por ejemplo, en Gran Bretaña, las mujeres fueron deliberadamente excluidas del derecho al voto y tuvieron que luchar durante más de 70 años para recuperarlo. Los hombres adinerados argumentaban que las diferencias entre hombres y mujeres eran razón suficiente para excluirlas del proceso político (así como a los hombres de clase trabajadora), pero en realidad su objetivo era mantener su control sobre el poder y el capital a toda costa.
Hoy en día, condenamos esas tácticas y esos puntos de vista misóginos, pero a menudo no nos damos cuenta de que la misma visión sigue estando ampliamente aceptada cuando se trata de los animales. En casi todo el mundo se nos enseña a ver a los humanos como más importantes, valiosos y dignos que cualquier otro animal y seguimos citando nuestras diferencias como justificación para negarles derechos. Al hacerlo, se legitima un enorme daño hacia seres sintientes, comunidades enteras de animales no humanos y el mundo natural. Y como veremos, este prejuicio también nos afecta profundamente a nosotras mismas.
¿Cómo comenzó el especismo?
El autor y abogado Jim Mason usa la palabra “dominismo” para describir la visión del mundo basada en la supremacía humana. Escribe que el dominismo es:
“La creencia sostenida por una especie, Homo sapiens sapiens, de que tiene un derecho divino—una licencia otorgada por Dios—para usar a los animales y todo lo demás en el mundo vivo para su propio beneficio.”
El dominismo abarca el especismo, pero va más allá, pues trata a todo el mundo natural como un simple recurso a ser explotado. Ahora que enfrentamos un futuro marcado por el colapso climático y la extinción masiva, podemos ver cuán destructivo ha sido este enfoque.
En su poderoso libro An Unnatural Order, Mason argumenta que esta visión del mundo comenzó hace 10,000 años, con el nacimiento de la agricultura. Antes de eso, dice:
“Las personas veían a los animales con fascinación, asombro y respeto porque eran seres llenos de vida y actividad y se pensaba que albergaban muchas de las fuerzas de la naturaleza. Esas personas sentían un profundo parentesco con los animales, lo que les daba un sentido de pertenencia en el mundo vivo. La agricultura animal -o la esclavización de los animales para beneficio humano- lo cambió todo. Los animales tuvieron que ser bajados de sus pedestales para que pudieran ser controlados, usados para trabajar y comercializados. El antiguo sentimiento de parentesco con el mundo vivo fue reemplazado por miedo, desprecio, terror y alienación.”
Desde ese momento, los animales pasaron a ser vistos como mercancía en lugar de como familiares. De hecho, la palabra “capital” proviene del latín capitālis, que significa “cabeza de ganado”. Aquellos que poseían, explotaban y comerciaban con animales controlaban la riqueza y el poder. No es difícil ver cómo comenzó la jerarquía de valor: primero se mercantilizó a los animales y al mundo natural, luego se hizo lo mismo con las personas racializadas y las mujeres.

¿Qué significa el especismo para los animales?
El especismo ha permitido el confinamiento, la mutilación, la subyugación, la tortura y la matanza de seres sintientes a una escala literalmente inimaginable. Si los humanos se mataran entre sí al mismo ritmo en que matamos animales, nos extinguiríamos en solo 17 días.
El mayor daño proviene de la industria alimentaria, donde decenas de miles de millones de animales terrestres son sacrificados cada año por su carne, leche y huevos, junto con billones de animales acuáticos—todo para productos que no necesitamos para vivir saludablemente. Pero el especismo también ha dado lugar a horrores como los circos y zoológicos, rodeos, laboratorios de vivisección, peleas de perros y toros, caza con cebos de osos, carreras de caballos y muchas otras prácticas crueles y degradantes.
Cuando recordamos que cada animal afectado es un ser sintiente con una vida interior, lazos familiares, comunidad, preferencias, personalidad y deseo de autonomía, empezamos a darnos cuenta de la magnitud de la injusticia que se comete.

Una jerarquía impuesta sobre los animales
La humanidad no solo se coloca a sí misma en la cima con todos los demás animales por debajo; también crea una jerarquía entre las diferentes especies. La posición que ocupa cada especie varía según la región del mundo, dependiendo de cómo las culturas han tratado y explotado tradicionalmente a ciertos animales.
Por ejemplo, en Occidente, como resume la psicóloga Melanie Joy en el título de su excelente libro, es común “amar a los perros, comer a los cerdos y vestir a las vacas”. En otras culturas, es común comer perros, nunca comer cerdos y considerar a las vacas como sagradas. Estas diferencias culturales demuestran que no existe un valor intrínseco e inmutable asignado a una especie en particular. La manera en que los animales son clasificados y tratados depende completamente del grado en que queramos mercantilizarlos y explotarlos.
¿Todas las discriminaciones provienen del especismo?
El autor y abogado Jim Mason cree que el especismo es la forma de discriminación más antigua de la humanidad y que de él surgieron otros prejuicios. Escribe: “El racismo surge de la misoteria, odio y desprecio por los animales y la naturaleza. Transferimos nuestra misoteria a las personas que consideramos más cercanas a los animales y la naturaleza que a nosotros mismos. El sexismo o la supremacía masculina es una característica de la cultura patriarcal inventada por las sociedades guerreras y ganaderas que dominaron el surgimiento de la civilización occidental en el antiguo Medio Oriente. La homofobia es un subproducto de la cultura patriarcal, que ve la reproducción humana como tan importante que toda gratificación sexual es prohibida a menos que coloque el esperma masculino cerca del óvulo femenino.
El colonialismo es el dominismo aplicado a otros pueblos y sus tierras. En sus primeras etapas, los europeos consideraban a los nativos americanos, africanos, isleños del Pacífico y otros como ‘salvajes’ y subhumanos, es decir, animales. La misoteria de los europeos garantizó que serían tratados en consecuencia como esclavos.”
Por su parte, la socióloga Dra. Corey Wrenn, de la Universidad de Kent, dice que no podemos estar seguros de qué discriminación surgió primero, pero coincide en que todas están interconectadas. Escribe: “Con herramientas de investigación imperfectas y un registro histórico borroso o adulterado, es difícil determinar qué opresión tiene precedencia en la evolución de la humanidad, ya sea el sexismo, el especismo, el clasismo o cualquier otra. Quizás sea mejor entenderlas como sistemas interconectados.”

La interconexión de las opresiones
Comprender el especismo y reconocer su conexión con otras formas de opresión requiere un cambio en nuestra manera de pensar. Después de todo, la mayoría de nosotras hemos crecido con la idea de que los animales son mercancías, mascotas que se compran, carne que se come en lugar de seres vivos con derechos propios.
El fundador de teatro LGBTQIA+ y drag queen Paul Burgess tuvo un momento de revelación al ver el documental Vegucated. De repente, se dio cuenta de que había tenido una ceguera ética durante mucho tiempo, y esa comprensión lo golpeó con fuerza. “El rechazo al odio y la violencia abarcaba un espectro mucho más amplio del que había reconocido”, admite.
Hoy, Burgess aboga por una comprensión más profunda de la discriminación y nos anima a desempeñar nuestro papel en desmantelarla. “El activismo comienza dentro de uno mismo. Comienza con cuestionarnos las cosas que hemos aceptado sin pensar. Cada ser en este hermoso planeta tiene derecho a no ser criado a la fuerza como las vacas. Tiene derecho a no vivir en condiciones miserables y hacinadas como las gallinas. Cada ser tiene derecho a una vida sin violencia, abuso ni opresión. ¡TODOS los seres!”
Una vida libre de discriminaciones
Por un momento, imagina cómo sería nuestro mundo si quienes buscan el poder no promovieran la idea de que algunos valen más que otros. Imagina cómo sería nuestro mundo si no se lo permitiéramos.
Difundir y reforzar la creencia de que existe una jerarquía de valor ha llevado a la violencia y la opresión de seres humanos y no humanos a una escala masiva. Cuando comprendemos cómo estos “ismos” y “fobias” se refuerzan y fortalecen entre sí cuando reconocemos que la homofobia, el racismo, el sexismo y el especismo tienen la misma raíz podemos romper con esa visión tóxica del mundo y tomar decisiones que nos liberen a todos.
Y como Burgess podemos cambiar. Podemos educarnos, ser honestas sobre nuestro papel en los sistemas de opresión y tomar acciones que liberen a todos los seres sintientes del dominio de unos pocos. Como explica el activista Christopher “Soul” Eubanks:
“Es crucial que cualquier persona que trabaje por la justicia social tenga un enfoque interseccional porque ningún grupo puede alcanzar una verdadera liberación en aislamiento.”
En otras palabras, estamos juntas en esto y nuestras acciones importan.
Lecturas recomendadas
Si quieres aprender más sobre este fascinante tema, te recomendamos:
- Nuestra opresión está interconectada – blog de Christopher “Soul” Eubanks
- Por qué amamos a los perros, comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas – libro de Melanie Joy
- El árbol de la opresión – blog de GenV
- Dismantling Oppressions: An Anti-Speciesist and Feminist Approach – blog de Jacqueline Guzmán
- Where injustices (fail to) meet: newspaper coverage of speciesism, animal rights, and racism – investigación de Etsuko Kinefuchi
- Towards a Vegan Feminist Theory of State – artículo de la Dra. Corey Wrenn
- The Vegan Queens – divertido corto que desmonta mitos comunes sobre el veganismo



