En los años 50, cuando las pruebas del vínculo entre el tabaco y el cáncer se hicieron innegables, la industria tabacalera desarrolló una serie de tácticas para evitar regulaciones gubernamentales y seguir vendiendo sus productos letales. Desde entonces, todos los sectores «sucios» —desde la industria petrolera hasta la industria cárnica— han seguido los mismos pasos para mantener intactas sus ganancias, sin importar el daño que generan. ¿Cómo lo hacen? Con tres sencillas palabras: Ocultar. Aplazar. Manipular.
Tácticas del manual del tabaco para Ocultar
El primer paso para evitar ser regulados es negar agresivamente que están haciendo algo mal. Segundo, pagar a supuestos científicos para que publiquen conclusiones contrarias a las investigaciones independientes, y luego “motivar” a personas influyentes para que difundan esta información por todos lados: en internet, medios y hasta en debates parlamentarios. Sembrar un poco de duda puede frenar cualquier intento de reforma, y las industrias contaminantes lo saben muy bien.
La industria de los combustibles fósiles realizó investigaciones sobre el cambio climático desde 1954. Es decir, ya sabían que sus productos dañarían el planeta, pero durante décadas lo negaron. En una publicidad de 1991 decían: “El fin del mundo ha sido cancelado” y preguntaban con sarcasmo: “¿Quién te dijo que la Tierra se está calentando? ¿La gallina Marcelina?”. Se burlaban de la “falta” de evidencia, decían que las pruebas eran “inexistentes”, que los modelos climáticos eran imprecisos y que la física era “debatible”. Todo esto mientras ocultaban la verdad.
La industria del alcohol no solo copió esta táctica, sino que la llevó a otro nivel. Además de atreverse a negar los daños de su producto, afirmaron que tomar “con moderación” era bueno para la salud. El Dr. Tim Stockwell, cuyas investigaciones revelaron el verdadero impacto del alcohol, dijo al periódico The Guardian: “La industria del alcohol logró una jugada maestra propagandística al convencer al mundo de que el consumo moderado de su producto es beneficioso. Esta narrativa ha afectado las recomendaciones oficiales de consumo, ha distorsionado las cifras sobre los daños del alcohol en todo el mundo y ha frenado el desarrollo de políticas de salud pública realmente efectivas”.
Y, como era de esperarse, la industria cárnica también se ha apropiado de esta descarada táctica.

Lo que la gran industria cárnica oculta
Ya que la producción y el consumo de carne perjudican a los animales, a nuestra salud, la salud pública, el clima, los ríos, los océanos, la calidad del aire, los bosques y la vida silvestre, esta industria tiene mucho que ocultar. Y lo hace tanto de manera explícita como con mensajes engañosos.
Un argumento muy común es que no necesitamos dejar de comer carne para reducir nuestro impacto climático; que con comprar carne local es suficiente. Pero la ciencia lo desmiente. La Dra. Hannah Ritchie, de Our World in Data, explica: “El transporte representa menos del 1 % de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por la carne de res. Comer local no reduce el impacto”.
Otro argumento engañoso es que la carne representa un problema ambiental menor y que deberíamos enfocarnos en otros temas más importantes. Este tipo de mensaje incorrecto ha sido promovido por el Dr. Frank Mitloehner, de la Universidad de California en Davis, quien recibe financiamiento de la industria ganadera. Su consejo, completamente desinformado, es: “cómete la hamburguesa. Solo asegúrate de caminar al restaurante”. Pero la realidad es que la ganadería genera más emisiones que todo el sector transporte a nivel mundial. Así que manejar hasta el restaurante y pedir una hamburguesa vegetal tendría un impacto mucho menor.
Desde 1989, la industria cárnica sabe que contribuye al calentamiento global y, según investigadores de la Universidad de Miami y Yale, “han planeado deliberadamente obstruir los esfuerzos para cambiar la alimentación en Estados Unidos y reducir las emisiones”. Hasta la fecha, siguen negando su papel en múltiples crisis ambientales y de salud pública.
En cuanto al maltrato animal, basta con comparar los anuncios idílicos de las campañas publicitarias de la industria con las imágenes de investigaciones para ver cómo engañan al público, haciéndoles creer que cuidan y procuran a los animales. Es una forma sutil de ocultar la realidad, pero que funciona muy bien.

Tácticas del manual del tabaco para Aplazar
Aunque las industrias contaminantes nieguen el impacto de sus productos, saben que esa táctica no durará para siempre. Tarde o temprano, serán regulados y sus enormes ganancias se verán afectadas. Por eso, su objetivo es aplazar lo inevitable lo más posible. Y al igual que lo hizo la industria del tabaco, cuentan con muchas formas de hacerlo: donan a campañas políticas para asegurarse aliados en puestos importantes, presionan a todos los niveles (hasta en foros internacionales) y presentan demandas legales para frenar cualquier intento de regulación. Y pueden hacerlo sin problema, porque también son de los sectores más ricos del mundo.
Y si, a pesar de todo, sienten que el cambio es inminente, recurren a una jugada conocida: prometer «autorregularse» para ganar tiempo. Dicen: “No hace falta que nos regulen, nosotros nos encargamos”. Pero rara vez cumplen.
Por ejemplo, ante la creciente presión para que los combustibles fósiles reduzcan su impacto, las grandes petroleras han prometido recortar sus emisiones. Pero ¿qué han hecho en realidad? No han cumplido lo que prometieron. Y lejos de hacer esfuerzos reales por mantener sus compromisos, las investigaciones han revelado que, durante el tiempo que ganan con esas promesas, la mayoría de las empresas en realidad planea aumentar su producción, no reducirla.
Este tipo de tácticas para ganar tiempo también son comunes en otros sectores contaminantes. La Dra. Katherine Severi, del Instituto de Estudios sobre el Alcohol, señala: “Al igual que la industria tabacalera, la industria del alcohol tiene una larga historia de interferir y retrasar políticas de salud, por eso la Organización Mundial de la Salud recomienda a los gobiernos protegerse contra la influencia indebida de esta industria”.
Pero ¿quién protege a los gobiernos de las presiones indebidas de la industria cárnica?

Cómo es que la industria cárnica gana tiempo
No es casualidad que las grandes empresas cárnicas y de lácteos asistieran en cifras récord a la COP28, donde líderes del mundo se reunieron para discutir sobre cómo frenar el colapso climático. Ben Lilliston, del Instituto de Políticas Agrícolas y Comerciales, declaró a The Guardian: “Con una mayor presión sobre las emisiones de las industrias cárnica y láctea, no sorprende que estén intensificando sus esfuerzos para evitar cualquier resultado que afecte sus operaciones. Aun así, que hayan triplicado el número de delegados es alarmante”.
Un ejemplo claro del poder de estas tácticas para aplazar se dio en la producción industrial de pollos. Los desechos de estas mega granjas contaminan los ríos, provocan la proliferación de algas que envenenan el agua y matan a la vida silvestre. Cansado de esta contaminación en el río Illinois, el fiscal general de Oklahoma, Drew Edmondson, inició acciones legales contra varias empresas avícolas, incluyendo a Cargill, en 2005. El caso no se escuchó hasta 2009 y luego, por razones nunca aclaradas, se estancó durante 18 años. Todo ese tiempo, la contaminación siguió sin consecuencias. En 2023, el juez finalmente falló a favor del estado, pero hasta hoy las empresas no han sido sancionadas ni obligadas a limpiar su desastre. Y mientras tanto, exportaban este modelo contaminante a otras regiones del mundo. Hoy, el río Wye en el Reino Unido, que antes era un ecosistema próspero, está prácticamente muerto por la expansión de granjas avícolas de Cargill.
Las tácticas de la industria del tabaco para manipular
Cuando el tiempo se acaba y las regulaciones son inevitables, los abogados de estas industrias buscan suavizarlas al máximo.
Un ejemplo claro, cuando se confirmaron los peligros del tabaco, el Cirujano General de EE.UU. emitió múltiples reportes advirtiendo sobre sus riesgos. La Comisión Federal de Comercio demandó a la industria por publicidad engañosa y en 1965 se les obligó a incluir advertencias en las cajetillas. Para 1969, se prohibieron los anuncios de cigarrillos en radio y televisión. Pero según la Universidad de Yale, “bajo presión de la industria tabacalera, el Congreso manipuló muchas de estas medidas, mientras que la FDA alegó durante años que los cigarrillos no eran de su competencia. Fue hasta 1996 que intervino para regular la venta a menores”.
Más recientemente, en el Reino Unido se propuso una ley para prohibir la venta de tabaco a personas nacidas después de 2009 y regular más los productos con nicotina. Al ver lo que se venía, la industria comenzó a presionar para suavizar la propuesta y, como era de esperarse, ofrecieron una “alternativa razonable” que les permitía seguir lucrando: subir la edad legal de compra de 18 a 21 años. En países como Malasia y Nueva Zelanda, donde también se han intentado políticas para eliminar el consumo de tabaco, la industria ha usado exactamente el mismo libreto.

Las tácticas de manipulación de la agroindustria
A la gente le duele ver animales enjaulados, y sin embargo, en la mayoría de las granjas de huevo en el mundo así es como viven las gallinas. Cuando en Europa comenzó a ganar fuerza la campaña para eliminar las jaulas en batería, la industria se dio cuenta de que no iba a ganar esa batalla, así que cambió de estrategia: presionó con todo para suavizar la ley. Y lo logró. Hoy, en la Unión Europea, las gallinas están encerradas en “jaulas mejoradas” que, salvo por un pedacito de madera para pararse y una cortinita para “privacidad”, no son mucho mejores que las antiguas jaulas. En la práctica, nada cambió.
Otro caso fue que para reducir las emisiones de las industrias de la carne y los lácteos, la Unión Europea lanzó la estrategia “De la Granja a la Mesa”, reconociendo que una dieta “basada más en plantas, con menos carne roja y procesada”, ayudaría a reducir el impacto ambiental del sistema alimentario. Se propusieron once medidas clave para lograrlo, pero una por una, los cabilderos de la agroindustria lograron debilitarlas o eliminarlas por completo.

La paradoja de la contaminación
El periodista George Monbiot acuñó el término “la paradoja de la contaminación”. En esencia, mientras más contaminante es una empresa, más dinero necesita invertir para evitar ser regulada o desaparecer. Esto significa que quienes toman decisiones —gobiernos, legisladores y líderes de opinión— están constantemente expuestos a la propaganda de las industrias más dañinas.
Hay una razón por la cual los productores de brócoli no andan cabildeando en los pasillos del poder… No lo necesitan. Producen alimentos saludables, con una huella de carbono bajísima, que benefician a la salud, no provocan pandemias y no encierran a miles de millones de animales en condiciones miserables.
Pero las grandes industrias del tabaco, el petróleo y la agroindustria invierten cantidades enormes en difundir información falsa para confundir al público y evitar que se les exija rendir cuentas. Es la única forma en que pueden seguir operando. Aunque este blog solo menciona algunos ejemplos de estas tácticas, hay muchísimos más en todo el mundo.
Si quieres profundizar en cómo las industrias que nos dañan aplican las estrategias del manual del tabaco, te recomendamos:
👉🏽 Este artículo sobre las tácticas de la industria tabacalera
👉🏽 Este análisis sobre cómo estas tácticas se aplican a la comida chatarra
👉🏽 Este artículo sobre su relación con los químicos “eternos”
👉🏽 Este texto sobre cómo la industria petrolera usa el mismo manual
👉🏽 Este artículo sobre la industria del alcohol
👉🏽 Este informe sobre las industrias de carne y lácteos
Como puedes ver, así es como todos están jugando el mismo juego sucio.



